Por Rafael Colmenares – Miembro de Unión Libre Ambiental
La “maldita niña” da paso al “niño” atormentando el sueño de la prosperidad
del Presidente Santos. El cambio climático es una realidad que se asume con
poco rigor y seriedad en el mundo y en Colombia, donde parece que fuera algo
esotérico.
A nivel planetario nos encaminamos al peor de los escenarios y ya casi
nadie piensa que el aumento de la temperatura, en este siglo, pueda contenerse
en el límite de los dos grados centígrados, por encima del cual la situación
pasará de grave a catastrófica. La última
esperanza será la Conferencia de las Partes de la Convención de Cambio
Climático a celebrarse en París el año entrante, la cual será precedida de la que
tendrá lugar en Lima en los primeros días de Diciembre próximo.
Entre tanto los hechos son cada vez más alarmantes. En 2012 se produjo la mayor tasa de deshielo en el
Ártico, cuya capa de hielo ha quedado reducida a una cuarta parte[1], en tan solo tres décadas!!!
En el polo opuesto, “La Antártida está perdiendo 159.000
millones de toneladas de hielo cada año, según muestran tres años de
observaciones del satélite CryoSat de la Agencia
Espacial Europea (ESA), el doble de lo calculado en la última estimación”[2], se
informaba recientemente, advirtiendo que “los glaciares antárticos pueden haber
pasado un punto de retroceso irreversible”[3]
HAY QUE TOMAR
EN SERIO EL CAMBIO CLIMÁTICO
En Colombia la sucesión de fenómenos “niño” y “niña” se han acelerado, sin
duda, por el cambio climático. Hemos tenido tres de ellos en los últimos seis
años. Pero una prueba de que el Gobierno colombiano no toma en serio el asunto
y solo invoca el cambio climático para justificar su desidia a la hora de
prevenir los desastres es que su participación en las conferencias
internacionales sobre el tema se caracteriza por seguir dócilmente la posición
norteamericana, que es la más atrasada en el asunto pues la potencia del norte
ni siquiera firmó la Convención de Cambio Climático, ni el Protocolo de Kyoto y
se ha encargado de entorpecer, dilatar y enredar las últimas Cumbres a donde
asiste como invitada.
Bien valdría la pena evaluar la actuación de nuestra Cancillería y las
respectivas delegaciones en estos eventos pues Colombia será, y es ya, uno de
los países más afectados por el Cambio Climático[4].
Las cifras de los daños ocasionados por la sequía de un fenómeno del niño
que apenas comienza son tremendas. A las cuantiosas pérdidas económicas se
añade el drama humano de los niños de La Guajira, que denuncia la Defensoría
del Pueblo, con quince muertes ya entre los infantes. Por ahora la esperanza
mas cierta de ayuda que tiene la población es la del Gobierno venezolano de
Nicolás Maduro!!!
Resulta paradójico que este gobierno, considerado por la derecha colombiana
y parte de la seudoizquierda, como el paradigma de la ineficiencia y el
desastre sea el que acuda en socorro de 180.000 indígenas wayuu, con alimentos
básicos a precios venezolanos, es decir subsidiados. Así lo anunció el Ministro
de Minas, Amylkar Acosta, oriundo de la región, al término de la reunión
presidencial, Santos – Maduro, que tuvo lugar la semana pasada en Cartagena.
EL GOBIERNO CONTRA LAS CUERDAS
El alto gobierno fue confrontado el pasado martes 31 de Julio en la Cámara
de Representantes y sus respuestas, a más de contradictorias, evaden los
problemas de fondo y refuerzan la idea de que los fenómenos climáticos son una
suerte de maldición irresistible.
El saliente Ministro de Agricultura, anuncia diques, canalizaciones,
estructuras de almacenamiento de agua, y otras medidas ingenieriles que en el
pasado han resultado ineficaces, además de costosas, y rodeadas de no pocos
episodios de corrupción. De paso arremete contra los cultivos ineficaces, que
no serán objeto de los subsidios que se prometen dentro del paquete de medidas
para aliviar la situación del campo. Aunque no los menciona se adivina que los
ineficaces son los cultivos propios de la economía campesina que aún abastece a
buena parte de la población pobre del país. Habrá que estar alertas para que no
se repitan los episodios de “agro ingreso seguro”, ahora por cuenta de las
ayudas de emergencia.
La Ministra de Medio Ambiente, cuyos antecedentes para ocupar el cargo
fueron su desempeño en el sector minero, privado y público, repitió un
argumento otras veces esgrimido por los gobiernos: Colombia si es rico en agua
pero esta es abundante en las regiones menos pobladas, mientras que la zona
andina, la cuenca Magdalena – Cauca, densamente poblada, solo tiene el 26% de
la oferta hídrica del país. Como quien dice ¡el agua esta donde no debería!
Ningún análisis sobre el proceso histórico de ocupación del territorio, qué
lo ha impulsado, y qué ha implicado en cuanto alteración del ciclo hidrológico
y como podría reorientarse. Como medida de prevención frente al próximo
fenómeno del niño el Ministerio a cargo de Luz Helena Restrepo, a través del
IDEAM, realizó un poco menos de treinta talleres en todo el país.
El Ministro de Minas, indudablemente el más perspicaz e ilustrado del trío
que compareció al debate planteó varios sofismas. En primer lugar, que a partir
del apagón de los noventa cuando Colombia dependía en un 86%, de las
hidroeléctricas y en consecuencia una fuerte sequía ponía el sistema en jaque,
se adelantó una política para aumentar las plantas térmicas que hoy contribuyen
con el 37% de la generación eléctrica. Hace unos años los funcionarios se
ufanaban de la matriz energética limpia de Colombia pues el agua es un recurso
renovable y las hidroeléctricas no contaminan la atmósfera. Ahora se alaban las
térmicas que funcionan con carbón cuya combustión implica la emisión de
ingentes cantidades de dióxido de carbono, causante del efecto invernadero.
De paso el Ministro omite el daño ambiental que producen las hidroeléctricas
como ya ocurre en Hidrosogamoso y ocurrirá en El Quimbo. No hace ninguna
alusión a la generación de energía realmente alternativa como la eólica o la
solar, para las cuales el territorio colombiano ofrece enormes ventajas. El
Ministro garantiza que, en esta ocasión, no habrá apagón. Estaremos atentos a
esta afirmación.
Rememorando la emergencia del Casanare de hace solo tres meses, Amylkar
Acosta, exculpa a la explotación petrolera de la sequía que allí se presentó y
anota que la causa es la deforestación de la vertiente oriental de la
Cordillera. Paradójicamente la Agencia Nacional de Minas, dependiente de su
mismo Ministerio continua otorgando títulos mineros en zonas de páramo y su
homóloga de Medio Ambiente acaba de declarar que una delimitación más detallada
de los páramos, a escala 1:25.000, prometida en el Plan de Desarrollo de Santos
I, “no es tan viable”[5]
Acosta, menos escatológico que Santos, advierte que la causa de los
problemas es “la actividad antrópica”, eludiendo sin embargo calificarla. Pues
es la actividad humana si, pero enmarcada en las relaciones sociales y las
fuerzas productivas propias del capitalismo la causante de la profunda crisis
ambiental planetaria en curso.
Prueba de lo anterior es que el deshielo ártico, reseñado al comienzo de
estas notas, es visto por las compañías petroleras, entre ellas la Shell, como
una oportunidad para extraer el petróleo y el gas existente en el Ártico. En el
caso colombiano las compañías mineras, el agronegocio y la urbanización han
deteriorado y continuarán haciéndolo el ciclo hidrológico del frágil territorio
colombiano. El “desarrollo”, propio del sistema capitalista en su fase de
globalización neoliberal, se expresa como contaminación por alto consumo
energético y de materiales, en el primer mundo y en los BRICS, y como
extractivismo altamente depredador y contaminador en países como Colombia.
SOLDADO ADVERTIDO…
Uno a otro se suceden los informes que confirman el profundo deterioro de
los ecosistemas colombianos. El 29 de Abril pasado, con motivo del día del
árbol, la propia Ministra de Medio Ambiente, explicó que según estudios de la
FAO, cada año se pierden en el mundo tres millones de hectáreas de bosque y en
Colombia 295.892 hectáreas, equivalentes al área del Departamento del Quindío[6].
Quince días después, el 13 de Mayo, fue dado a conocer el “V Informe
Nacional de Biodiversidad de Colombia”, en cumplimiento de la obligación que
compete a cada país miembro de la Convención de Biodiversidad, de presentar
periódicamente el suyo. El documento no hace sino ratificar las tendencias de
pérdida de especies y habitats que vienen observándose desde hace más de veinte
años Se insiste nuevamente en la disminución de la cobertura vegetal, que según
el informe decreció del 56,5% del territorio al 51,4% del mismo, en los últimos
años. Se calcula en el 3,5%, anual del PIB, el costo del deterioro ambiental,
cifra novedosa y alarmante. La síntesis del Informe podría ser: “pasamos los
umbrales de irreversibilidad”, según la expresión de Lorena Franco, una de las
autoras del estudio.
La cobertura vegetal es esencial para el adecuado funcionamiento del ciclo
hídrico en un territorio en donde el agua fluye de las alturas a las llanuras.
Eliminar la vegetación original, o sustituirla en gran escala por pastos y
monocultivos, como se ha venido haciendo por terratenientes, mineros,
agroindustriales y urbanizadores, entre otros beneficiarios de la destrucción,
es gravísimo pues acelera la escorrentía. El agua arrastra a su paso el suelo y
sedimenta los ríos pero ello no solo provoca inundaciones sino que impide la
adecuada infiltración y recarga de los acuíferos[7]. Por ello, cuando
sobreviene al sequía escasea el agua pues en el período lluvioso esta pasó de
largo y no se alcanzaron los niveles requeridos de recarga.
El gobierno, que inicia su segundo período, no saca las consecuencias ni de
las experiencias ni de los informes que elaboran sus propias agencias. No
reformula sus políticas extractivistas pero tampoco se prepara si quiera para
atender la emergencia que generan no tanto los fenómenos climáticos sino la
enorme vulnerabilidad de nuestro territorio como consecuencia de la explotación
a que ha sido sometido.
ULTIMA LLAMADA
Mientras los rigores de la sequía ponen de presente una vez
más la crisis ambiental colombiana, en España más de 250 ecologistas e
intelectuales lanzaron el pasado 7 de Julio, el manifiesto “Última llamada”[8] en donde señalan: “Estamos atrapados en la dinámica perversa de una civilización que si no crece no funciona, y si crece destruye las bases naturales que la hacen posible. Nuestra cultura, tecnólatra y mercadólatra, olvida que somos, de raíz, dependientes de los ecosistemas e interdependientes”
Añaden:
“La sociedad productivista y consumista no puede ser sustentada por el planeta. Necesitamos construir una nueva civilización capaz de asegurar una vida digna a una enorme población humana (hoy más de 7.200 millones), aún creciente, que habita un mundo de recursos menguantes. Para ello van a ser necesarios cambios radicales en los modos de vida, las formas de producción, el diseño de las ciudades y la organización territorial: y sobre todo en los valores que guían todo lo anterior. Necesitamos una sociedad que tenga como objetivo recuperar el equilibrio con la biosfera, y utilice la investigación, la tecnología, la cultura, la economía y la política para avanzar hacia ese fin. Necesitaremos para ello toda la imaginación política, generosidad moral y creatividad técnica que logremos desplegar”.
Y advierten:
“Pero a lo sumo tenemos un lustro para asentar un
debate amplio y transversal sobre los límites del crecimiento, y para construir
democráticamente alternativas ecológicas y energéticas que sean a la vez
rigurosas y viables. Deberíamos ser capaces de ganar grandes mayorías para un
cambio de modelo económico, energético, social y cultural. Además de combatir
las injusticias originadas por el ejercicio de la dominación y la acumulación
de riqueza, hablamos de un modelo que asuma la realidad, haga las paces con la
naturaleza y posibilite la vida buena dentro de los límites ecológicos de la
Tierra”.
¿Estamos los
ambientalistas colombianos en mora de lanzar nuestra última llamada?
[1] Véase “El Ártico se deshiela por la
explotación petrolera y amplia el efecto invernadero”, por Sylvia Uval,
Barómetro Internacional, en www.rebelión.org
, Ecología Social, 31-07-2014.
[4] En
la XVII Cumbre de la ONU sobre cambio climático, celebrada en Durban en 2011,
se dieron a conocer los diez países con mayor Índice de Riesgo Climático.
Colombia ocupa el tercer lugar, precedido por Pakistán y Guatemala y seguido
por Rusia, Honduras, Omán, Polonia, Portugal, China y Tayikistán. Véase www.veoverde.com, 2-12-2011.
[5] Véase, “En un mes entregaremos coordenadas
de Santurbán”, entrevista a Minambiente, en www.vanguardia.com
, 15 de Julio de 2014.
[7]
Véase al respecto: “Los Sedimentos del río Magdalena: Reflejo de la crisis
ambiental”, Primera edición: Agosto de 2005, Fondo Editorial Universidad
EAFIT.
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